Es evidente que no.
Y para peor, dejé de hacer ejercicio por completo.
El resultado:


y prácticamente 78 kilos...
Es la segunda vez en mi vida que llego a ese peso, y no quiero rebasarlo.
Lógicamente, me negaba (no siempre conscientemente) a dejar registro, por eso el impase. Pero precisamente por eso mismo es que hay que hacerlo, porque es parte del proceso y muestra de que la posibilidad de retroceso en lo logrado está siempre presente y directamente ligada a lo que hago o dejo de hacer.
Hay, sin embargo, algo bueno:
La semana anterior comencé una especie de diplomado teórico-práctico que se supone durará 3 años y del que recibiré (según el plan) método y herramientas en y para la expresión corporal a nivel de instructor.
El camino sigue...

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